jueves, 16 de mayo de 2013

Sal Con Una Chica Que No Lee...

Por Charles Warnke

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

martes, 14 de mayo de 2013

La Piel Del Puma...

Bueno, volví después de tanto tiempo de estar ausente. Porque uno al fin y al cabo siempre termina volviendo a donde empezó, aunque ya siendo otra persona, yo regreso a este blog que de alguna manera también es mi casa simbólica siendo alguien diferente, con un sinfín de nuevas experiencias vividas que para bien o para mal me han hecho crecer y volverme un poquito más fuerte. 
Y una de esas experiencias nuevas fue, entre otras, el haberme propuesto el desafío de ir a un taller literario. Como la mayor parte de la gente que me conoce sabe que escribir es prácticamente mi vida y que justamente en mi vida el hecho de intentar siempre superarse a uno mismo es casi una filosofía personal, me decidí a darle un espacio académico a ese hasta ahora hobbie de amateur que de a poco se está convirtiendo  en una vocación existencial, si es que no lo ha sido desde siempre. 
Este es el producto de ese reto. Es un cuento que aprendí a apreciar muchísimo, incluso tal vez sea mi favorito, ya que es el más acabado y el más coherente que hice hasta ahora, tanto en los detalles como en la estructura interna del mismo. Además de que me agrada el hecho de que por fin pueda haberle dado un final concreto a un relato, cosa que siempre me ha costado, hasta el punto de dejar muchas historias inconclusas debido a este problema.
Tengo que admitir que crecí mucho yendo a ese taller, aprendí muchas cosas no sólo sobre cómo escribir, sino también de mí misma, mi estilo y mi forma de narrar. Espero poder continuar con este proyecto en un futuro cercano y seguir perfeccionándome a mí misma en esta que es una de mis razones para vivir. En fin, acá lo dejo, espero que resulte de su agrado.

La Piel Del Puma”
Se apretujó sobre el tronco, cuidándose de no resbalar. Se inclinó sobre el Winchester fijando su atención en la mira, con la precisión de sus años de cazador. Los zapatos rechinaron sobre la nieve congelada del bosque. Un mundo estático lo rodeaba, como si el tiempo hubiera optado por detenerse, dando paso a los dominios inmutables de la omnipotente naturaleza. Ni un ruido, ni un solo indicio de movimiento en aquel mundo paralizado de escarcha. Sólo el cazador silencioso a la espera de la presa que tarde o temprano debía emerger en medio de esa quietud perturbadora.
El frío era glacial y el hombre debió acomodarse la gruesa chaqueta para asegurarse de que la helada no penetrara a través de la tela e invadiera su cuerpo, aunque era bastante complejo lograr que el crudo viento fantasmal no le calara hasta los huesos con esas bajas temperaturas.
Mara lo esperaba en la casa, seguramente preparando la sopa caliente de siempre con la mudez y el sometimiento que tanto la caracterizaban. A él no le importaba demasiado, no realmente. Nunca había sentido pasión verdadera por ella, nunca había sabido comprender sus silencios, que le resultaban verdaderamente exasperantes. No, su verdadero anhelo, su verdadera obsesión no residía en Mara, ni en la calidez de la leña del hogar, ni en las paredes sólidas de aquella casa de madera en la que les tocaba vivir. No, sólo en ese páramo salvaje y desolado era donde el hombre era auténticamente feliz. Sólo en el inhóspito e indomable descampado el depredador en él podía ser libre. Su verdadera pasión era cazar, no había mayor certeza que esa, y no existía nada en el mundo que pudiera reemplazarla.
Al anochecer, las espesas nubes en el cielo dejaron entrever que se acercaba una tormenta. La brisa gélida se volvió más fuerte aún, dejando la esencia de los pinos impregnada en el aire. Un ser humano más cobarde, o quizá más sensato se hubiera marchado rápidamente de allí, pero la firmeza del cazador era inalterable. No se iría de allí hasta lograr su cometido.
Pasaron las horas y nada. Ni rastro de la criatura. El cazador quiso mantenerse atento en su posición todo lo que le permitieran las fuerzas pero la álgida capa de nieve que se precipitaba sobre él en forma de ventisca era tan densa que apenas podía ver lo que se encontraba a un metro de él. Se acurrucó en un tronco, apoyando el rifle en su hombro izquierdo con la mano derecha y permitiéndose inconscientemente aflojar un poco los tensos músculos.
No supo en su aletargamiento cuanto tiempo había estado yaciendo en aquel lugar. Ni siquiera pudo contar los segundos que le quedaron antes del golpe repentino. Porque cuando después de todas las horas gastadas allí la tempestad finalmente retrocedió y la visibilidad del panorama se hizo un poco más clara, el cazador se encontró frente a frente con unos ojos dorados, casi ambarinos, que lo observaban fijamente desde una distancia poco prudencial. Un vaho cálido y desagradable invadió sus fosas nasales despertándolo totalmente de su aturdimiento. Alzó los párpados lentamente y con dificultad, presintiendo lo peor.
Y lo vio.
Justo delante de él, con las fauces próximas a su rostro y una expresión monstruosa y feroz se encontraba su enemigo, aquel que había estado buscando por siempre. El vaho que había olido y que tanto le había disgustado no era más que su aliento fétido, producto de las innumerables carnes crudas de las presas que había devorado. Era el aliento del puma.
El hombre se frotó los ojos por una milésima de segundo para cerciorarse de que aquello no era una ilusión. En su interior los latidos de su corazón como truenos retumbantes se confundían con los rayos del exterior. El temor y la emoción lo electrizaban a la vez, haciendo que una corriente de adrenalina y exaltación le recorriera todo el cuerpo a velocidades sobrenaturales y emitiendo una serie de descargas que lo forzaron a erguirse y ponerse en guardia, alzando el Winchester para apuntar directamente a la fiera.
Sin embargo, más hábil y letal, el puma arremetió primero, propinándole un zarpazo en el brazo derecho con sus afiladas garras. El hombre aulló de dolor y soltó el rifle, que salió disparado unos metros por encima de él y fue a dar contra la nieve. Tratando de recuperar fuerzas, echó un vistazo fugaz hacia donde había caído, calculando cuánto tiempo se demoraría en poder tomarlo, pero estaba demasiado lejos para alcanzarlo y el animal ya se había lanzado al ataque otra vez. El salto espectacular del felino lo obligó a apartarse justo cuando los filosos colmillos estaban a punto de cerrarse sobre él. La fiera aterrizó en el tronco donde minutos antes el cazador había estado agazapado cautelosamente. Se incorporó con rapidez y sacó de su bolsillo un puñal que llevaba como arma soporte. Con suma solemnidad lo desenfundó, colocándolo entre el animal y él. Ambos se enfrascaron en una lucha encarnizada que pareció durar horas. El cazador se sentía verdaderamente inmortal, invencible. Ésta era la batalla de su existencia y no iba a perderla. Era el heredero de una lucha inmemorial, de una guerra que había sido costumbre por generaciones y cargaba en sus hombros todo el peso de esa tradición que le habían transmitido con gloria y dignidad sus ancestros, la humanidad misma. Finalmente, tras un largo rato sin conseguir herirse gravemente el uno al otro y ante la ansiedad de conseguir la victoria, se le ocurrió dar un rodeo por el bosque para distraer a la fiera y poder llegar hasta donde se encontraba la carabina, así que echó a correr y la bestia lo siguió.
El felino avanzaba con destreza y elegancia. Era un animal realmente espléndido en todos sus movimientos. Pero al cazador no le importaba su belleza, sólo le importaba ganar la pelea y destrozarlo antes de que él lo hiciera. Sólo un pensamiento lo mantenía absorto: cortarle el cuello o asestarle un tiro en el pecho.
Después de llevar a cabo un largo desvío por el bosque, el hombre regresó al sitio donde había estado refugiado de la tormenta y tomó el rifle, apuntando hacia todos los flancos. El puma todavía lo perseguía, pero en ciertos momentos pareció dudar de su ataque y  le perdió el rastro, así que de a poco el hombre se fue tranquilizando. Todavía tenía tiesos todos los miembros de su cuerpo y esperaba con excitación que el puma lo alcanzara, pero ya no sentía la agitación de la carrera previa. Al final, después de aguardar varias horas y ver que el puma no aparecía, tomó su arma y, decepcionado,  se volvió para irse. No pudo dar el primer paso.
Con suma agilidad y precisión, el puma se abalanzó sobre él con la mandíbula increíblemente abierta y un relámpago cayó en las proximidades, otorgándole un resplandor dorado casi etéreo en el pelaje. El cazador se volteó rápidamente y apuntó con su arma, pero ya era demasiado tarde. Las fauces del animal se cerraron precisas sobre su yugular y la sangre comenzó a salir a borbotones de la garganta. El roce de su piel le resultó extrañamente familiar, por alguna razón que no pudo adivinar.
El instante de su último desvanecimiento, que debió haber sido breve, pareció extenderse por una eternidad El silencio se había vuelto punzante, le causaba dolor en los oídos, le penetraba en la carne. La tormenta había cesado de repente y el bosque había vuelto a sumirse en la atmósfera inmóvil que había presenciado antes. Era su sepulcro nevado. Antes de impactar contra el suelo y cerrar los ojos, dejándose al fin desangrar, echó un vistazo por última vez alrededor y vio al puma que se había alejado un poco y lo observaba de lejos. Pensó en Mara, en sus ojos fulgurantes y en ese segundo supo que no había llegado a conocerla, que en todos sus años de vida no había aprendido nada. No había comprendido su tarea silenciosa de complacerlo en todas sus necesidades, ni la paciencia impertérrita con que todos los días lo había esperado en la casa después de sus cacerías. Ella lo había amado en silencio y él nunca lo había valorado. Nunca había amado nada, ni a ella, ni a su hogar, ni a su tierra abundante y fecunda. Entendió que de no haber sido por su obsesión, podría haber tenido una vida próspera, una vida sencilla y cálida en un hogar acogedor y apacible, una vida de verdad, envuelto en la suave y gentil abundancia de la tierra que los rodeaba, de la naturaleza y sus designios. Pero el nunca había aprendido a escuchar y ahora ya era demasiado tarde.
Por primera vez sintió pánico y confusión y en ese estado le pareció ver a lo lejos que el puma empezaba a variar su figura. Se erguía despacio y su silueta felina empezaba a tomar una forma más alargada y sinuosa, casi femenina. Toda esta transformación en un silencio total, como el silencio permanente de Mara. Y en su quimera se permitió creer que esos ojos ámbar le eran conocidos. Y creyó entender por qué  ella había callado siempre, por qué jamás le había hablado, aunque le había demostrado su amor de mil maneras diferentes. No había tenido opción. Su obstinada ambición no le había dado otra alternativa más que ir en su busca y hacerlo culminar en ese fin. Ya no había nada que pudiera hacer para cambiar su destino.
Y esa piel…esa piel que él tanto había ansiado para él. Pareció comprender por qué la había anhelado siempre. Por qué deseaba la piel del felino, del brutal animal que había acabado con su vida, del enorme gato que lo acechaba. Esa piel lustrosa y bruñida, esbelta y gentil. Esa piel rebosante de belleza y sensualidad que despedía destellos de matices dorados y rojizos a medialuz…
¿Era Mara o era el delirio final que sobreviene a aquel que yace en el lecho de muerte? La piel del puma era tan cobriza, tan parecida a la piel suave y tersa de ella. Nunca lo sabría, porque la vida ya se escapaba de él.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Reino Del Silencio...

En el templo de la oscuridad dormida, en silencio se oyen pasos
De un alma en pena vagando perdida del mundo en retraso
Nadie vela por ella, nadie la encuentra, nadie puede llegar a ella
Porque se esconde la más atroz bestia dentro de su cara más bella
Su mundo es un cristal que la divide de toda ilimitada frontera
Su mirada es una lágrima que reposa bajo la sombra de su tristeza
Y el amor inalcanzable que jamás podrá rozar su rostro en nieblas
La hacen quedarse sola una vez más, sola y con voz queda

¿Cuánto tiempo soportaremos estás máscaras que llevamos puestas?
¿Cuánto amor malgastaremos sabiendo que se esconde la soledad eterna?
Si el vacío se abre y se cierne sobre nosotros la brecha implacable
De un amor que no es recíproco, de un amor que nunca será probable
Y me rompe el corazón en mil pedazos, desgarrando lo más hondo de mi carne
Porque estoy amando sin ser amada, porque estoy perdida sin ser hallada
Nadie comprende la ausencia, nadie llora jamás por la demencia de mi falta
Y tú me destrozas sabiendo que no importan las eras, nunca harás nada

La ausencia que duele más que mil puñales clavados en el fondo de la flor
A veces estás tan lejos a pesar de que tu esencia flota en el aire a mi alrededor
Escuchando tu silencio me pierdo en la oscuridad de mi profundo abismo
La negrura de mí misma que me atrapa y me oprime, sin dejarme camino para escapar
La tristeza y la impotencia de no poder luchar contra mi ser, el adversario más fuerte
Ya no queda camino por recorrer, ya no queda sendero que caminar, no puedo respirar
El engaño más grande del ser humano es la mentira misma que se inventa la vida
La falsedad que con tentadoras palabras crea el espejismo de la felicidad, esa falsedad soy yo

¿Cuánto tiempo nos creeremos que el paraíso existe y se puede encontrar?
¿Cuánto amor malgastaremos creyendo que ese sueño realmente puede hacerse realidad?
En el miedo me perdí hace tiempo, y el eco de mis palabras ya casi resulta inaudible
El mismo Eco que grita a Narciso antes de verlo precipitarse decidido hacia la muerte
Mis palabras quedan sumergidas en la quietud, silencio todos estos incontables años
¿Cuándo romperá la barrera del sonido este reino del olvido y la ignorancia infernal?
Será que algún día por fin aprenderás, me miraras a los ojos y realmente me escucharás
¿Cuando será el amor más que sólo promesas, cuando se convertirá en la auténtica eternidad? ¿Cuándo aprenderé a alcanzarme, a salvarme, para que puedas entender?

Esa soledad que sentimos, esa soledad que tan bien sabemos y compartimos
Pero ninguno de los dos escucha, por más que estemos gritando por dentro
Estamos ciegos a la luz brillante a nuestro alrededor, esa misma luz blanca nos ciega
Sin ningún sentido, vagamos sin rumbo por este camino que desolado nos espera
Y quizá esté pidiendo demasiado al decirte que por una vez me veas brillar a tu lado
Y quizá sea  una egoísta y desgarre tu corazón hasta el punto de no poder parar tu sangrado
Pero no puedo evitar sentir este vacío por dentro, no puedo evitar sentir que siempre hay palabras no nacidas dentro de mi garganta, palabras abortadas, palabras vacías
Que me ahogan y me asfixian, me llevan hacia la muerte incluso aunque no lo quisiera
Y tu me destrozas sabiendo que no importan las eras, nunca harás nada
Nunca cambiarás, nunca cambiaré, nunca cambiaremos

Y seguiremos dando vueltas girando en un círculo infinito e inacabable que nos asesina cada día
Y la máscara, la actuación continuará, porque la obra debe seguir, la existencia es un teatro sin fin
El destrozo interior no podrá nunca emerger a la superficie, se ahogará en el medio de las aguas
Y la sonrisa esconderá como un muro interminable el verdadero sentimiento, la soledad, la tristeza
Muro opresor, muro cruel y frío que oculta y sepulta los gritos de los pesares torturados sin piedad
Las palabras alentadoras seguirán saliendo de mi boca sin ningún contenido, sin atisbo de verdad
Mi conciencia quedará aplastada por la roca de la certeza más dura que alguna vez se pueda hallar
La certeza de que me estoy mintiendo a mí misma y de que ya no hay retorno ni paso atrás

¿Cuánto tiempo soportaremos estás máscaras que llevamos puestas?
¿Cuánto amor malgastaremos sabiendo que se esconde la soledad eterna?
Si el vacío se abre y se cierne sobre nosotros la brecha implacable
De un amor que no es recíproco, de un amor que nunca será probable
Y me rompe el corazón en mil pedazos, desgarrando lo más hondo de mi carne
Porque estoy amando sin ser amada, porque estoy perdida sin ser hallada
Nadie comprende la ausencia, nadie llora jamás por la demencia de mi falta
Y tú me destrozas sabiendo que no importan las eras, nunca harás nada

¿Cuánto tiempo nos creeremos que el paraíso existe y se puede encontrar?
¿Cuánto amor malgastaremos creyendo que ese sueño realmente puede hacerse realidad?
En el miedo me perdí hace tiempo, y el eco de mis palabras ya casi resulta inaudible
El mismo Eco que grita a Narciso antes de verlo precipitarse decidido hacia la muerte
Mis palabras quedan sumergidas en la quietud, silencio todos estos incontables años
¿Cuándo romperá la barrera del sonido este reino del olvido y la ignorancia infernal?
Será que algún día por fin aprenderás, me miraras a los ojos y realmente me escucharás
¿Cuando será el amor más que sólo promesas, cuando se convertirá en la auténtica eternidad? ¿Cuándo aprenderé a alcanzarme, a salvarme, para que puedas entender?
Y tu me destrozas sabiendo que no importan las eras, nunca harás nada
Nunca cambiarás, nunca cambiaré, nunca cambiaremos

En el templo de la oscuridad dormida, en silencio se oyen pasos
De un alma en pena vagando perdida del mundo en retraso
Nadie vela por ella, nadie la encuentra, nadie puede llegar a ella
Porque se esconde la más atroz bestia dentro de su cara más bella
Su mundo es un cristal que la divide de toda ilimitada frontera
Su mirada es una lágrima que reposa bajo la sombra de su tristeza
Y el amor inalcanzable que jamás podrá rozar su rostro en nieblas
La hacen quedarse sola una vez más, sola y con voz queda…

lunes, 21 de noviembre de 2011

El Árbol De Tu Nombre...

Pude tener mis dudas al principio, aquel día de abril en la plaza de las flores
Pude haber sentido mil veces con miedo y tristeza que no era la indicada para ti
Tantas veces llorar en silencio, decepcionada de la vida, guardando mis palabras
Perdida en el universo de mi angustia, sumida en el laberinto de mi depresión
Sabiendo que no sería amada por nadie, que nadie querría unirse a mí, siempre…

Pero me miraste con tus ojos brillantes y amables, me sonreíste como si me conocieras
Y supe que eras distinto a todos los demás, que mi camino estaba doblegado al tuyo
Me mostraste que detrás de tu hielo sólo había alguien  tratando de protegerse del dolor
Me dijiste palabras reconfortantes que nunca escuché, tu aura se unió a la mía y sucedió
Finalmente supe que estabas hecho a mi medida, que en mi vida por una vez podría tener valor, siempre…

Por Dios, juro que nunca te abandonaré, la promesa está sellada, nunca te dejaré
En las ramas, en la salvia, en la copa, en las hojas, en las raíces de aquel árbol duerme
No importa si nos separamos, ni la distancia del tiempo, no importa lo lejos que esté
No importa que la más negra noche se cierna sobre nosotros ahogando nuestra voz
La luz que emites siempre vivirá dentro de mí
No importan las estaciones que pasen, ni la erosión de los años en nuestros corazones
No importa cuantas veces sin voluntad, con rabia y frustración, nos hiramos mutuamente
Ni importa cuantas veces tenga que llorar para mantener este  enorme sentimiento en pie
Siempre te llevaré dentro de mí, siempre te amaré...

Cada día te miro dar un paso y sé que avanzas lento y seguro, como el más fuerte
Cada día te veo mirar al futuro y me pareces la persona más grandiosa de todas
No importa el ritmo de nuestra marcha, siempre caminaré a tu lado, aunque sea duro
Porque no existe persona en el mundo que se compare contigo, eres el héroe más grande
Tu historia aún no escrita es la más impactante de todas, nuestra historia interminable
Eres mi voluntad para seguir, quiero crecer tan alto como el árbol de nuestra promesa
Para que nuestro hilo rojo se entrelace hasta el fin de nuestras vidas, siempre...

Ahora que ambos hemos llegado a un punto crítico, donde estamos llenos de amigos
Una senda sin retorno, donde no se puede mirar atrás, no puedo más que agradecerte
Y la lluvia caerá otra vez sobre mí, una vez más, y mi rostro se ensombrecerá
Puedo caer tan bajo en el fondo del abismo de mi ser que me quede totalmente ciega
Puede clavarme mil espinas la vida que cada día  a trepar este tronco me enseña
No importa nada de lo que pueda pasar en el porvenir, a partir de ahora en adelante 
Tu árbol siempre me sostendrá, el árbol de tu nombre...

Por Dios, juro que nunca te abandonaré, la promesa está sellada, nunca te dejaré
En la carne, en la sangre, en el alma, en la mente, en el cuerpo de esta mujer duerme
No importa si nos separamos, ni la distancia del tiempo, no importa lo lejos que esté
No importa que la más negra noche se cierna sobre nosotros ahogando nuestra voz
La luz que emites siempre vivirá dentro de mí
No importan las estaciones que pasen, ni la erosión de los años en nuestros corazones
No importa cuantas veces sin voluntad, con rabia y frustración, nos hiramos mutuamente
Ni importa cuantas veces tenga que llorar para mantener este  enorme sentimiento en pie
Siempre te llevaré dentro de mí, siempre te amaré...

No importa cuantas veces deba romperme en pedazos, este lazo invisible no se quebrará
Inmenso será el océano del destino que nos espera, incierto y turbulento golpeará
Cuando más desesperados estemos, sin embargo, nuestro juramento nos guiará
Ocultando el dolor, aceptando los errores, comprendiendo, nuestro árbol nos levantará
Llamándonos está la verdad de nuestro yo, no podemos temer al futuro nunca más
Ahora los recuerdos felices giran a mi alrededor como un torbellino de flores de Ginkgo
Si el tesoro más grande se guarda en las ramas, el secreto más profundo en la semilla del alma
Todo lo arriesgaré por alcanzar lo mejor de mí, todo lo aprenderé para poder merecerte
Este mundo que paso a paso he construido es tuyo, me abriré a tu ser por primera vez
Aún nos queda mucho por aprender, aún nos queda un larguísimo camino por recorrer
Mas podremos estar juntos por una estela fugaz de segundo, podrán ser eras sin final
Osando desafiar al destino quiero atravesar la barrera de los tiempos contigo
Quiero que esta experiencia no se olvide
Porque eres mi primer amor, el único que se atrevió a ocupar el innombrable lugar olvidado
Y siempre te amaré...

Por Dios, juro que nunca te abandonaré, la promesa está sellada, nunca te dejaré
En las ramas, en la salvia, en la copa, en las hojas, en las raíces de aquel árbol duerme
No importa si nos separamos, ni la distancia del tiempo, no importa lo lejos que esté
No importa que la más negra noche se cierna sobre nosotros ahogando nuestra voz
La luz que emites siempre vivirá dentro de mí
No importan las estaciones que pasen, ni la erosión de los años en nuestros corazones
No importa cuantas veces sin voluntad, con rabia y frustración, nos hiramos mutuamente
Ni importa cuantas veces tenga que llorar para mantener este  enorme sentimiento en pie
Siempre te llevaré dentro de mí, siempre te amaré...


viernes, 28 de octubre de 2011

El Sueño De La Razón Produce Monstruos...

Francisco de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 30 de marzo de 1746 – Burdeos, Francia, 15 de abril de 1828)

viernes, 21 de octubre de 2011

El Corazón Pide Placer Primero...

Pónganse los auriculares y déjense llevar por la atrapante y hermosa melodía de esta canción, como flotando en la corriente de un arroyo o río que fluye o sobrevolando con alas blancas la más alta de las nubes del firmamento. Pertenece a un peliculón llamado "El Piano", dirigida por Jane Campion. Una bellísima película, que no sólo constituye una fuente de deleite debido a su perfecta fotografía e imágenes, sino también es una fuente de gozo auditivo debido a las fascinantes y apasionadas piezas de piano que en ella se tocan. La música, una fuente de pasión, libertad que a veces puede llevar a los extremos más insospechados, la música, lenguaje y forma de expresión más clara que todas las palabras y que puede lograr que hasta los mudos puedan expresar a través de ella la inmensidad y belleza de su alma. El Piano, instrumento mágico y misterioso, capaz de llegar con cada una de sus teclas, con cada una de sus notas a acariciar cada fibra de nuestro ser y llenar de emoción hasta lo más profundo de nuestra alma. Instrumento de libertad y encierro, de alegrías y tristezas, de infinita sencillez y complejidad, instrumento maravilloso que inspira y logra hacer surgir de nuestro ser lo mejor de nosotros. Porque como dice el título de esta canción "El Corazón Pide Placer Primero" y es la música aquella maravilla divina que sirve para comunicar ese sentimiento y a la vez saciarlo, es aquel piano, aquel instrumento mágico, el que con sus desafiantes, fuertes y a la vez sutiles y delicadas notas está ahí para recordarnos que los seres humanos tenemos un espíritu que porta lo más frágil y hermoso de nosotros, que todos tenemos un corazón que aspira al amor y a la comprensión, un corazón que busca insaciablemente la felicidad y al placer a través del cariño y el afecto de la unión y el entendimiento y que  es algo que jamás debemos olvidarlo...
Dejo la sinopsis para aquel que le interese saber de qué se trata:

The Piano (también conocida como La lección de piano o El piano) es una película de 1993sobre una pianista muda y su hija, ambientada en un lugar apartado de Nueva Zelanda durante la mitad del siglo XIX. La película fue escrita y dirigida por Jane Campion, y protagonizada por Holly Hunter, Harvey Keitel, Sam Neill y Anna Paquin. La banda sonora de la película fue interpretada por Michael Nyman y se convirtió en un éxito de ventas. Hunter tocó las canciones en sus escenas, y también dio clases de piano a Paquin.
The Piano cuenta la historia de una mujer escocesa, Ada McGrath (Holly Hunter), cuyo padre la vende en matrimonio a un hombre, Alistair Stewart (Sam Neill), y es enviada junto con su joven hija Flora (Anna Paquin) y su piano a vivir con él a Nueva Zelanda. Ada no ha dicho una palabra desde hace años, sustituyendo su voz por la música del piano, mientras que su hija le sirve de traductora en su comunicación a través del lenguaje de signos.
Ada y Flora llegan a Nueva Zelanda, siendo abandonadas junto con sus pertenencias por la tripulación del barco en el que han llegado desde Escocia. Su nuevo marido obliga a Ada a abandonar el piano en la playa, siendo luego vendido a George Baines (Harvey Keitel), vecino de Stewart y entusiasta de la música de piano, quien al principio le pide a Ada que le de clases de piano, pidiéndole seguidamente hacer un trato de que ella podra tocar el piano mientras que el la pueda tocar. A partir de aquí, empieza una relación entre Ada y George, que marcará el devenir de la historia.
La película ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes en 1993 y Holly Hunter a la mejor actriz. En 1994, ganó los Premios de la Academia en las categorías de Mejor actriz (Holly Hunter), Mejor actriz de reparto (Anna Paquin) y Mejor guion original. Anna Paquin se convirtió en la segunda persona más joven en ganar el Oscar a la mejor actriz de reparto. Además, la película fue candidata en las categorías de Mejor fotografía, Mejor diseño de vestuario, Mejor director, Mejor montaje y Mejor película.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Niña Neblina...

Cae la noche de nuevo envolviéndote en su manta
Estás camuflada, mezclada con el aire en libertad
Eres como el eco que resuena y no articula palabra
Nadie te escucha, eres el silencio reencarnado en vida
Niña Neblina, nadie supone tu existencia

Las veredas desiertas no sienten tus suaves pasos
Es la carga que lleva tu espalda, tu dolor asignado
Sueñas deseos imposibles de amor eterno jurado
Pero nadie te ve, te desvaneces con el viento sur
Niña Neblina, nadie llora tu existencia

Eres el humo que asciende al cielo buscando un lugar
Eres la humedad en celo que se va con el sol destructor
Eres el espíritu que espera por milenios en la aflicción
Eres la tierra que aguarda con recelo a quién la pise
Niña Neblina, y tu que lo aguardas a él con fervor
Sabes que por el camino de la bruma nunca te seguirá

La lluvia de tus emociones circula por tus delicadas mejillas
Son ciclones tus pensamientos de utopías dulces tortuosas
Quieres con tu ser que tenga los ojos que se requieren para ti
Que pueda verte mezclada entre la gente de miradas perdidas
Niña Neblina, eres inmaterial en tus acometidas

Sola en la negrura con la niebla de vestido para la boda
Tienes esa fe ciega de que aparecerá por aquella vereda
Pero se aproxima el alba y nadie llega a tu ansioso seno
Y otra vez escampa en la ciudad de grises desencuentros
Niña Neblina, eres invisible para sus días

Eres el humo que asciende al cielo buscando un lugar
Eres la humedad en celo que se va con el sol destructor
Eres el espíritu que espera por milenios en la aflicción
Eres la tierra que aguarda con recelo a quién la pise
Niña Neblina, y tu que lo aguardas a él con fervor
Sabes que por el camino de la bruma nunca te seguirá

Y la luz dorada tal vez hoy te disuelva en sus brazos
Y nadie note tu ausencia por las calles aún mojadas
Y el barro blando tal vez hoy te absorba en su boca
Y nadie note que tas ido de la realidad que es helada
Y tu fuerza para existir tal vez halles en ti misma
Y te olvides de esa pesadilla que se está llevando tu vida
Y te olvides de ese amor que te deja sola en la deriva

Eres el humo que asciende al cielo buscando un lugar
Eres la humedad en celo que se va con el sol destructor
Eres el espíritu que espera por milenios en la aflicción
Eres la tierra que aguarda con recelo a quién la pise
Niña Neblina, y tu que lo aguardas a él con fervor
Sabes que por el camino de la bruma nunca te seguirá

Eres las hojas del otoño que son arrastradas por el viento
Eres las gotas del arroyo que se pierden libres en el océano
Eres las horas derrochadas en pelear por causas perdidas
Eres las sobras del día que se invierten en la triste espera
La triste espera de un amor imposible como el que esperas
Niña Neblina, no lo aguardes más a él con tanto aprecio
Porque sabes que por el camino de la bruma que das nunca
Nunca te seguirá

Bórralo para siempre de tu mente, que sea el que se desvanezca
Que el sea el Niño Neblina y que le toque ser quién desaparezca
Para que existas y que se pueda divisar tu cuerpo y tu alegría
Niña Neblina, y tu que lo aguardas a él con fervor
Sabes que por el camino de la bruma nunca te seguirá
Niña Neblina, no lo aguardes más a él con tanto aprecio
Porque sabes que por el camino de la bruma que das nunca
Nunca te seguirá
Niña Neblina
Nunca te seguirá